Lisboa


LISBOA




Lisboa es la democracia de las ventanas, en la que todas, hasta las más destartaladas, tienen el irrenunciable derecho a mirar al río y a los luminosos horizontes azules donde se dibuja la orilla sur.



Y por si algunos viven en sótanos o crece un nuevo edificio entre las casas amontonadas en desorden, para eso abundan los miradores donde la ciudad narcisista, como una reina ante al espejo, se recrea ante sí misma.






En esta geometría escalonada, donde crece el bosque de antenas, con griterío de gaviotas y sirenas, ha habido que construir pacientemente la horizontal, convertir las colinas en poemas cubistas, donde la curva improbable es la distancia mas corta entre dos puntos. 




Después llegaron los de los medios de transporte, retorciendo raíles en curvas cerradas, diseñando tranvías inclinados y ascensores con sabor a Eiffel, para salvar irreales desniveles entre lugares aparentemente imposibles de relacionarse.





También hay gigantescos puentes metálicos, repletos de coches diminutos, bajo los cuales circulan trenes y navegan  anacrónicos cargueros, oriundos de remotos puertos africanos.






En el tiempo y en el espacio, de la orilla norte a la orilla Sur, Lisboa se despliega en puerto y alma, ante el río que se ha convertido en mar.





Y es en el puerto, mirando al Sur, donde se produce el cocktail alquimista: Buenos Aires, Rotterdam y el Pireo,  tango, fado y niebla londinense, tras la que parecen surgir el puente de San Francisco y el Cristo de Rio de Janeiro...






BAIXA




La Baixa Lisboeta es el corazón histórico de la capital portuguesa. Este barrio rectilineo fue construido después del terremoto que arrasó la ciudad en 1755, con criterios urbanos muy avanzados para la época.



3 grandes plazas delimitan la Baixa. La plaza del Comercio es un conjunto armonioso situado justo a la orilla del mar, mientras que las plazas de Rocio y Figueira se encuentran hacia el interior.









Los estragos del terremoto todavía se aprecian en algunas iglesias de la ciudad, que no han sido restauradas  como símbolo de la tragedia.




En torno a la Baixa se elevan algunas de las colinas más características de la ciudad.

A un lado el barrio Alto y el Chiado, con su tradición de vida nocturna y fados, y al otro lado Alfama, con su castillo, su catedral y sus airbnb.

  



Para subir a las colinas hay un simpático sistema de funiculares, así como un nostálgico ascensor obra de Eiffel. 


 


En la colina de Mártires da Patria, frente a la facultad de medicina, se encuentra la peculiar estatua erigida al Dr. Sousa Martins, que muestra el agradecimiento de los pacientes por las curaciones "milagrosas" del doctor.  A su alrededor merodean vistosos pavos reales . Son cosas de Lisboa.





De puente a puente,
fluyendo con la corriente...


Las obras relacionadas con la Exposición Mundial de 1998 han propiciado el desarrollo de los barrios orientales de la ciudad, con edificios icónicos como la estación de Oriente, el pabellón de Portugal, el Acuario de Lisboa y el larguísimo puente Vasco de Gama. 










En el otro extremo de la urbe, en las cercanías del  puente 25 de Abril,  se encuentra al simpático barrio de Belem, con algunos de los edificios más característicos de la ciudad. 



El magnífico monasterio de los Jerónimos es quizá la obra cumbre del estilo manuelino, una especie de gótico tardío a la portuguesa. 






En la misma plaza se encuentra el imponente Centro Cultural Belem, convertido en el  principal recinto cultural de la ciudad.






A la sombra del gran puente se encuentran las docas de Alcántara, uno de los escenarios de vida nocturna más animados de Lisboa. 



Algo más allá  está la graciosa fortaleza de la Torre de Belem, otra obra cumbre del gótico portugués, cuya delicada silueta parece flotar sobre las aguas.









Lisboa es rio, cielo y olor a mar, 
refugio de gaviotas en el temporal, 
tópico de saudades y melancolía, 
sardinas, azulejos y bacalao...





















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