La llegada a la India es siempre un tanto traumática, por mucho que se haya ido ya muchas veces. El cansancio acumulado tras un largo viaje, unido a las tediosas formalidades locales, suele provocar sensaciones muy cansinas.
Al llegar a Mumbai la primera espera es en el control de pasaportes, donde uno se pone a la cola con resignación, rezando por un rápido desenlace. Pero ahora hacen muchas preguntas, a pesar del flamante visado online. A que viene, donde va a estar, en que trabaja... Todo en un inglés con el peculiar acento indio y a través de un cristal que no se oye bien.
Superado el primer trámite viene el habitual cambio de una pequeña cantidad en rupias y comprar una tarjeta sim local para tener internet. Y aquí el tiempo se detiene. Sólo hay un empleado vendiendo tarjetas Sim en todo el aeropuerto de Mumbai y una cola de 6 o 7 personas.
Los trámites con cada tarjeta pueden durar 15 minutos o mas, pues hay que hacer varias comprobaciones y registros. Así que más de una hora y media de pie esperando, aprovechando para conversar con otras víctimas de la cola. Las críticas al procedimiento son unánimes. Porque no ponen más gente?
Una vez conseguida la preciada tarjeta, el siguiente paso es llamar a un uber y averiguar donde está el punto de recogida. Esto curiosamente sí que es rápido y en pocos minutos estamos en el coche en dirección a Colaba, por el módico precio de unos 11 euros, para un trayecto de casi 2 horas.
Pasamos por todo tipo de barrios, autopistas al borde del mar y largos puentes sobre la bahía. Hay rascacielos por todas partes y una leve neblina parece cubrir toda la ciudad, no se sabe si de polución o de qué. Son las 8 de la mañana y el sol brilla entre la niebla. Es un buen recorrido para hacerse una idea del tamaño de la ciudad.
Tras nuevas formalidades burocráticas en el Bed and breakfast, por fin podemos salir a "disfrutar" del tremendo caos urbano.
En el centro el tráfico es infernal, hace mucho calor y la contaminación es importante. También hay serios problemas de aparcamiento...
Llegamos al Ashram a primera hora de la mañana, sin hacer reserva y con una cierta prevención sobre lo que nos íbamos a encontrar, debida principalmente a la accidentada historia de los seguidores de Osho y a las numerosas críticas sobre el carácter un tanto empresarial del complejo.
En seguida empezaron una serie de trámites, tales como registrarse online, darnos una tarjeta de acceso y cobrar las diversas tarifas.
El precio por día está alrededor de los 20 euros para extranjeros y además hay que comprarse 2 túnicas, una color morado para el día y una blanca para la noche. También hay que comprar un candado para el armario. Además hay que comprar una serie de vales para comida y bebida que se podrán utilizar en los bares y restaurantes del lugar.
A continuación tiene lugar una breve explicación de normas y horarios, y a partir de ahí uno ya puede deambular por el complejo y participar en las actividades programadas diariamente, o simplemente pasear por allí.
El sitio es realmente espectacular. En medio de una densa vegetación y grandes árboles, hay estanques, espejos de agua, fuentes y una enorme piscina, así como bonitos senderos entre la vegetación y diversos edificios en un tono oscuro y moderno, donde destaca la gran pirámide del auditorio principal.
Todo está impecable y funciona bien. La comida y las bebidas son vegetarianas y de gran calidad, aunque el alcohol está prohibido.
Durante todo el día hay una serie de actividades programadas así que empezamos con una sesión de meditación en el gran auditorio, donde se suceden distintas prácticas de meditación, en su mayoría diseñadas por el propio Osho. Hay meditación en movimiento, vipassana en silencio, meditación con cuencos y otros sonidos, etc...
A medio día tiene lugar una convocatoria de danza libre en la plaza central, donde se juntan más de 100 personas vestidas con la túnica, bailando música moderna y rock, cada uno a su aire. Es un momento simpático después de las disciplinas meditativas.
Luego ya es la hora de comer, donde hay varias opciones de excelente comida vegetariana.
Después de comer hay una meditación silenciosa en otro de los espacios singulares del recinto, el mausoleo de Osho. Un enorme Rolls Royce domina la entrada del lugar, compuesto por varias salas donde están la biblioteca de Osho, su salón de dentista y el mausoleo en sí, donde se realiza la meditación. La decoración es impactante, con suelos de mármol brillante y las paredes están recubiertas de espejos, iluminadas por grandes lámparas de araña propias de un palacio real. Todo es un poco kitsch y surrealista.
Durante la tarde se suceden otras actividades como Taichi, tiro con arco, pintura espontánea o danza ritual. Al caer la tarde ya toca ponerse la túnica blanca y acudir al auditorio para el encuentro general, que se considera la principal actividad del día.
En este encuentro, que dura unas 2 horas, hay meditaciones varias, música en directo y una larga sesión de videos de Osho. Al finalizar toca cambiarse de nuevo, ahora ya con la ropa de cada uno, para la cena y una nueva sesión de música y danza hasta las 11 de la noche. No se puede negar que ha sido un día intenso y lleno de sorpresas...


















































